Patagonia, tierra en producción

febrero 1, 2011

Investigación: chizitos, ricos pero potencialmente malos para la salud

Un tipo de alimento frecuentemente consumido por niños y adolescentes en la Argentina posee altos niveles de micotoxinas relacionadas con enfermedades esofágicas y potencialmente cancerígenas, según un estudio realizado por investigadores del INTA, la Universidad de Buenos Aires y la Comisión de Investigaciones Científicas.
Debido a que los palos de harina de maíz, llamados comúnmente “chizitos”, son “consumidos en grandes cantidades por infantes y adolescentes en la Argentina, consideramos necesario estudiar el contenido de las fumonisinas”, explico el autor principal del la investigación, Francisco Federico del INTA Concepción del Uruguay (Entre Ríos).
Se trata de unas micotoxinas producidas por un hongo y catalogadas como posibles carcinógenos humanos por la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer que depende de la Organización Mundial de la Salud.
Estas sustancias generalmente se encuentran presentes en el cultivo de maíz, que representa el 30 por ciento de la producción de cereales y oleaginosas de la Argentina, y más del 50 por ciento está destinada a consumo animal.
Luego de ser aisladas y descritas por primera vez en Sudáfrica en 1988, fueron identificados más de 10 tipos de fumonisinas de las cuales la B1 (FB1) es considerada la más tóxica y prevaleciente en el maíz.
El riesgo relacionado con el consumo de productos derivados de ese cultivo pudo observarse en estudios realizados en la India y en Sudáfrica, donde casos de cáncer esofágico y problemas gastrointestinales fueron asociados con altos niveles de fumonisinas.
Si bien la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos (FDA) afirmó que esos estudios no presentan “evidencias directas” de los efectos adversos de esas sustancias sobre la salud humana, se ha constatado que sí ocasionan problemas en la salud de animales de cría y experimentación (ver recuadro). En consecuencia, “debido a que la fisiología humana es similar a la de varias especies de animales (otros primates y el sistema cardiovascular de los porcinos), es posible asociar a las fumonisinas con ciertas enfermedades humanas”.
En este sentido, el Comité Científico sobre la Alimentación Humana de la Unión Europea estableció el consumo diario de FB1 en dos microgramos por kilogramo (2 µg/kg) de peso corporal. O sea, que un niño de 10 años que pese 45 kilos podría consumir hasta un máximo diario de 90 microgramos.
Entre las 20 muestras recabadas, el equipo encontró una con 1.649 fumonisinas totales (de las cuales la FB1 es la prevaleciente con un promedio de más del 70 por ciento), por lo que el infante podría consumir hasta un máximo diario de 75 gramos de esa muestra de chizitos (en general, los paquetes chicos de este tipo de productos poseen unos 55 gramos)
En las 19 muestras restantes, que fueron recolectadas al azar en comercios de las provincias de Entre Ríos, Córdoba y Buenos Aires, se observó que la presencia de FB1 fue de 257,5 microgramos por kilogramo de producto.
Para Federico estos datos indican que “existe una alta ocurrencia de fumonisinas en los palos de harina de maíz”, aunque desconoció “si ello ejerce algún efecto en la población”.
La investigación publicada en la revista Mycotoxin Research (2010, 26:273-278, disponible en www.springerlink.com) es el primer trabajo en el país en el que se estudia la concentración de ciertos tipos de fumonisinas en palos de harina de maíz.
“En este experimento, se identificaron y cuantificaron FB1, FB2 y FB3”, sostuvo Federico, quien subrayó la necesidad de continuar con estas investigaciones “en las industrias de procesos porque, a pesar del proceso de extrusión que sufre la materia prima, encontramos esta muestra con muy altos niveles de fumonisinas”.

Fumonisinas en animales

Si bien a nivel humano, las consecuencias de la ingesta de fumonisinas (unas micotoxinas presentes en el maíz) aún no están estudiadas en profundidad, no sucede lo mismo en el caso de los animales.
Numerosos trabajos indican que la ingesta de maíz contaminado produce efectos adversos en la salud de la población animal que ocasionaron la muerte a porcinos y equinos desde la década del 70.
Según la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos (FDA), estos últimos son los más sensibles a estas micotoxinas que les suele producir leucoencefalomalacia (ELEM), una enfermedad caracterizada por la necrosis y la licuefacción de la materia blanca del cerebro.
En los cerdos, el problema más relevante fue un cuadro de edema pulmonar y una deficiencia cardíaca provocada por la alteración de los canales de calcio en las células del miocardio.
Por último, en animales de experimentación también se detectaron daños en el hígado y cambios en los niveles de concentración de ciertas clases de lípidos.
Si bien la FDA afirmó que esos estudios no presentan “evidencias directas” de los efectos adversos de las fumonisinas sobre la salud humana, “debido a que la fisiología humana es similar a la de varios animales, es posible una asociación entre estas sustancias y ciertas enfermedades humanas”.

Más información
Francisco Federico – ffederico@concepción.inta.gov.ar
INTA Concepción del Uruguay

Fuente
Revista de Investigaciones Agropecuarias

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